_“Gobierno o individuo que entrega los recursos naturales a empresas extranjeras, traiciona a la patria.” – Gral. Lázaro Cárdenas del Río
Por Diputado Hugo Rangel
El 18 de marzo de 1938 representa el punto de ruptura definitivo con el modelo colonial de explotación. Al recuperar la riqueza nacional, el Gral. Lázaro Cárdenas del Río nacionalizó la industria que configuró la arquitectura de la dignidad mexicana moderna. Esa herencia cardenista, que hoy recorre las venas de la Cuarta Transformación, se manifiesta con una vigencia absoluta en la exigencia de nuestra soberanía energética y, sobre todo, en la tan anhelada capacidad de un pueblo para dictar su propio rumbo en un mundo desorbitado y convulso.
La soberanía es, ante todo, la capacidad de decidir sin tutelajes externos, y hoy, la transición hacia energías renovables representa un horizonte válido, sin embargo, la estabilidad de las naciones modernas, para bien o mal, sigue cimentada en la firmeza de los hidrocarburos. Las llamadas energías “verdes” aún no alcanzan la capacidad de almacenamiento ni la constancia necesarias para sostener por sí sola el andamiaje de una economía industrial. La estabilidad de México, y por ende su paz social, descansa todavía en la firmeza de sus recursos fósiles. Por ello, la Cuarta Transformación apuesta fuertemente por un realismo soberano, por el aprovechamiento estratégico de los recursos fósiles y minerales; y por un modelo que asegure la autosuficiencia energética y la libertad estratégica para dictar, sin presiones externas, el rumbo del desarrollo nacional.
El proyecto de nación que encabeza la 4T, ha entendido que la verdadera independencia se refina en casa. Apostar por el crudo procesado, por la producción de gasolinas, turbosina y el aprovechamiento de minerales estratégicos, es dotar al Estado de un escudo frente a las volatilidades del mercado externo. No está por demás precisar que, no es una postura antiecológica, sino una que prevé una transición inteligente y soberana. En este engranaje, la labor del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha resultado fundamental para asegurar que el motor productivo del país cuente con el respaldo de una política económica sólida y capaz de traducir la riqueza energética en bienestar para las y los mexicanos.
Por demás, el tablero de ajedrez mundial atraviesa una reconfiguración sin precedentes. Vivimos en un mundo multipolar que exige una maestría absoluta en la construcción de alianzas estratégicas. En este escenario, la presidenta Claudia Sheinbaum ejecuta una tarea histórica, fortalecer la presencia de México en el exterior sin ceder un ápice de nuestra dignidad nacional. Al margen, la soberanía energética nos dota de esa libertad estratégica indispensable; nos permite elegir con quién comerciar, a qué puertos enviar nuestro crudo y bajo qué condiciones integrar nuestras cadenas de valor.
Este proyecto de nación, con fuertes cimientos cardenistas, es la brújula que guía el velero nacional en medio de la incertidumbre global. La soberanía energética, es sin duda, el derecho irrenunciable a decidir cómo aprovechamos nuestra riqueza y cómo protegemos nuestro futuro. Con la 4T, México ha recuperado el timón de su energía, porque la riqueza que yace bajo la tierra es, y seguirá siendo, el cimiento de nuestra libertad. Este 18 de marzo, reivindicamos nuestro petróleo, que es también el pulso de nuestra nación y símbolo de soberanía; y al igual que en 1938, confirmamos que el destino de México solo pertenece a los mexicanos.



