Por Víctor Ardura.-
Me hice la pregunta sobre el por qué el gobierno michoacano organizó una muestra gastronómica y cultural no aquí en tierras michoacanas, sino en San Francisco del Rincón Guanajuato, específicamente en el llamado con toda pompa Centro Fox.
Y no sólo eso: el que este centro haya sido el anfitrión de un desgastado cantante nacido en Michoacán, y que es el sinónimo de los corazones rotos: Juan Gabriel. Me preguntaba una y otra vez por qué en primera fila el gobernador Fausto Vallejo Figueroa y su esposa Patricia estaban tan a gusto y tan contentos codo con codo con otra pareja igual de célebre, la de Vicente Fox y su imprescindible Marthita.
En eso estaba cuando un amigo me recordó el asunto del Tamarindillo. -¿No lo recuerda usted?- Déjeme hacer un poco de historia. Desde el 2004 un pelao, -perdón por el préstamo verbal del norte del país-, de nombre Cosme Mares se convirtió de la noche a la mañana en “ejidatario” de unos terrenos ubicados en Coahuayana, que hacen frontera con Colima.
Se trata de tierras casi paradisíacas, de fina arena, a las cuales el tal Cosme les echó el ojo desde que las conoció. Este hombre es un empresario guanajuatense y dicen las malas y las buenas leguas que es socio y amigo de Vicente Fox. El caso fue llevado por la Procuraduría Agraria (llevado es un decir) durante los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón. Nuestro compañero Francisco Castellanos, colaborador de estas páginas y Rodrigo Vera, publicaron en la revista Proceso un muy completo reportaje incluidos los intríngulis que el tal Cosme tuvo que hacer,- revivir a ejidatarios muertos en actas de asamblea-, para apropiarse de más de 200 hectáreas de esas playas. La idea no fue construir un desarrollo turístico sino majestuosas residencias para quien pudiera pagarlas (¡Imagínense ustedes una residencia con vista a la playa, con un mar maravilloso y con un clima inobjetable!)
Tanto en Proceso como en la Jornada trabajos periodísticos se pudo documentar que el tal Cosme, efectivamente empresario de Guanajuato, amenazó, presionó, chantajeó, y hasta emborrachó a los ejidatarios para que le vendieran, pero no todos aceptaron. Recuerdo que Ana Lilia Guillén, diputada federal del PRD, llevó un seguimiento del caso y puso al descubierto los negocios entre Cosme Mares-Vicente Fox.
Ahora que el señor Fox ha dado bandazos, reniega de su partido, dice públicamente que su gallo es Peña Nieto y denosta a la que debiera por lealtad partidista apoyar, Josefina Vázquez Mota, ambas cosas tienen su lógica.
A mí no me venden el cuento de que los señores del PRI quieren un cambio para México. Corruptos fueron en el pasado y esa herencia en la sangre la sostendrán en el presente. No estamos seguros que el Tamarindillo esté en el menú que el señor Fox le ha planteado a Enrique Peña Nieto, pero suponerlo no estaría lejos de cualquier lógica. Y que ahora sea tan amigo del señor Vallejo Figueroa, le preste su Centro Fox que por cierto dicen fue construido con recursos del erario, dineros federales, pues parece sospechoso ¿O no?
El miedo a la prensa
Cuando los trabajadores sexuales (léase travestis o transgénero), intentaron sentarse en una mesa de negociación con Funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública, a instancias de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, para tratar de resolver las muchas y constantes de extorsión y chantaje por parte de policías, los funcionarios se levantaron al notar la presencia de varios reporteros… ¿Tendrían miedo que los fotografiaran con esa “compañía”?

