Columna Política “Polémica”, por Arturo Hernández Tovar (05 de abril del 2026).- En “días de guardar”, de recogimiento, reflexión y flagelaciones, contrastadas con disipación de estrés y privaciones, ha asomado a mi memoria una de las crónicas que antaño escribí para reseñar el ritual del “Lavatorio” en la iglesia catedral de Morelia que fue, en mi percepción, muestra del contraste entre la humildad y la ostentación….. de cómo se humilla la humildad que el ritual quiso enseñar a la humanidad.

Con la orden de trabajo que recibí de La Voz de Michoacán para dar cobertura informativa a esa ceremonia religiosa, acudí a la catedral con puntualidad, ubicándome lo más cerca posible del sitio donde se oficiaría.
Reseñé que el arzobispo de entonces, Estanislao Alcaraz, lavó los pies de siete jóvenes que, se dijo, eran seminaristas y personificaban a los apóstoles; con una pequeña toalla se los secó y se inclinó en actitud de besárselos; pero en realidad no lo hizo, pues su boca quedó a 10 centímetros o un poco menos. El beso no se consumó.

Esperé a que el ceremonial terminara y, ya en el atrio me percaté que al salir, el prelado abordó un automóvil del año, Grand Marquiz, de color verde obscuro con franjas doradas, y se encaminó por la avenida Madero hacia el oriente.
En ese relato puse en práctica lo que recientemente nos habían enseñado en un cursillo de Periodismo Objetivo auspiciado por La Voz de Michoacán, según lo cual el reportero ha de describir en su nota periodística sencillamente los hechos, sin interpretar ni usar adjetivos.
Tal cual fue mi descripción; sólo me faltó consignar el número de las placas del automóvil.
La publicación de esa crónica tuvo como reacción inmediata que la alta jerarquía católica literalmente “pusiera el grito en el cielo”, haciendo eco en la dirección del periódico que se leía en todo el estado y aún más allá. A resultas de ello el director me llamó a su oficina y, un tanto molesto, me expresó su percepción de que a mí nada me parecía bien y todo lo criticaba.
Mi argumento fue que en ello simplemente traté de poner en práctica lo que nos habían enseñado en el cursillo de Periodismo Objetivo; tema que por cierto no acaba de ser discutible desde sus variados enfoques.
No me felicitó, pero tampoco me amonestó.
En otros años me encargaron dar cobertura al Viacrucis escenificado en Erongarícuaro, Charo y Huandacareo, donde busqué transmitir el vívido sentimiento de compasión del pueblo creyente ante el suplicio sufrido en carne viva por quienes personificaban a Jesús y desde luego también la repulsa causada por quienes lo denigraban, hasta crucificarlo.



