¿Se Desmorona la Tribu Bedollista? (Columna Política “Bajo la Lupa”)

*ADVERTENCIA A NUESTROS LECTORES
*DOCTORADO CON DEDICATORIA: ¿RECONCILIACIÓN O RENDICIÓN?
*¿SE DESMORONA LA TRIBU BEDOLLISTA?
Columna Política “Bajo la Lupa”, Por Armando Saavedra (03-XI-2025).- Si usted es fanático o admirador de CARLOS MANZO RODRÍGUEZ, le recomendamos no leer esta columna. No porque ignoremos el dolor legítimo que causa su asesinato, sino porque este texto plantea una evaluación crítica de su trayectoria política y de las circunstancias que rodearon su muerte. Aquí no idealizamos ni martirizamos: analizamos. Y sabemos que eso incomoda a quienes confunden el duelo con la canonización política.

CARLOS MANZO: entre el duelo social y la evaluación política y es que, la muerte del presidente municipal de Uruapan, CARLOS MANZO RODRÍGUEZ, ha desatado una ola de reacciones que oscilan entre el duelo legítimo y la idealización política. Pero más allá de la tragedia, urge una evaluación crítica de su desempeño institucional y del contexto que rodeó su asesinato.


¿Qué hizo CARLOS MANZO por Uruapan para ser considerado mártir? Esa es la pregunta incómoda que nadie quiere formular. Porque si revisamos su historial legislativo y administrativo, lo único que resalta es su tono estridente, su discurso de reclamo, su narrativa de confrontación. Pero en términos de resultados concretos, la evidencia es escasa: Una sola iniciativa como diputado federal, sin impacto legislativo; Obras municipales menores, sin transformación estructural; Sin capacitación policial documentada, pese a la violencia creciente; Un primer informe de gobierno más incendiario que institucional, donde advirtió sobre un posible levantamiento armado si no había paz.


¿Eso lo convierte en mártir? ¿O simplemente en un político que elevó el volumen sin cambiar el fondo?
¿Por qué no usaba chaleco antibalas? Si sabía —como él mismo lo declaró— que era objetivo natural de los grupos delincuenciales, ¿por qué no usaba consuetudinariamente su chaleco antibalas? ¿Por qué exponerse en eventos públicos sin medidas mínimas de protección?


La seguridad personal no es un símbolo de debilidad, es una obligación institucional. Y en este caso, la omisión es grave. Porque no solo se puso en riesgo él, sino a su equipo, a los asistentes, y a la gobernabilidad de Uruapan.


El dilema social: duelo legítimo vs. oportunismo político. En efecto, la reacción pública ante el asesinato ha sido intensa. Mientras algunos sectores lamentan sinceramente la pérdida, otros critican el oportunismo de figuras políticas que se apresuran a condenar el crimen. Como bien dice el dicho: “Al cuetero, si truena malo y si no truena, también malo.” La clase política está atrapada en ese dilema: si guarda silencio, se le acusa de indiferencia; si se pronuncia, de hipocresía.
Seguridad personal: ¿fallaron los protocolos? El secretario OMAR GARCÍA HARFUCH confirmó que MANZO contaba con 14 agentes federales y escoltas municipales. Sin embargo, el ataque ocurrió en un evento público, y uno de los agresores fue abatido en el acto. Esto plantea preguntas clave:
¿Se realizó una evaluación de riesgos adecuada?, ¿Se aplicaron protocolos de movilidad segura y control de acceso?, ¿Por qué se abatió al agresor, impidiendo conocer el origen del ataque? Las agencias de élite como el Servicio Secreto de EE. UU. y las fuerzas israelíes priorizan la neutralización sin letalidad, precisamente para preservar información estratégica. El uso de fuerza letal sugiere una falla en la contención o una reacción improvisada.


Gobernabilidad en disputa: ¿quién manda en México? La afirmación del presidente DONALD TRUMP —que en México gobiernan los grupos criminales— cobra fuerza ante casos como el de MANZO. El asesinato de un edil con escolta federal en pleno acto público revela la existencia de poderes fácticos que desafían al Estado. La gobernabilidad está en disputa, y el crimen organizado parece tener capacidad de veto territorial.


En conclusión, la muerte de CARLOS MANZO es lamentable, pero no debe ser excusa para borrar su historial político ni para encubrir fallas institucionales. Su gestión fue limitada en resultados legislativos y parcialmente efectiva en lo municipal. Su asesinato, más que un caso aislado, es síntoma de un país donde la seguridad pública está rebasada y la narrativa oficial se desmorona ante la violencia.


¿Idealizar o evaluar? La memoria pública merece respeto, pero también verdad. Y la verdad, en este caso, es incómoda. De las manifestaciones del domingo 2 de Noviembre y la respuesta policiaca del gobierno, comentaré para ustedes en la siguiente entrega.


DOCTORADO CON DEDICATORIA: ¿RECONCILIACIÓN O RENDICIÓN?
El doctorado honoris causa otorgado por la Universidad Michoacana a la DRA. ANNIE PARDO CEMO, madre de la presidenta CLAUDIA SHEINBAUM, no fue un acto académico: fue una jugada política con destinatario claro. No se trata de cuestionar los méritos científicos de la galardonada —que son públicos y longevos— sino de interrogar el momento, el contexto y el elenco que lo acompañó.


Porque si algo quedó claro es que el evento fue una coreografía de reconciliación entre la rectora YARABÍ ÁVILA y el gobernador ALFREDO RAMÍREZ BEDOLLA, tras meses de tensión por el presupuesto universitario y la exclusión de ÁVILA de la contienda interna por la candidatura guinda. El doctorado, más que reconocimiento, funcionó como moneda simbólica: un gesto de buena voluntad hacia la presidenta, que a su vez permitió reunir en Morelia a las dos tribus más visibles del morenismo michoacano —bedollistas y moronistas— bajo el mismo techo y la misma narrativa.


Pero el guion tuvo giros. Días antes del evento, el gobernador no había confirmado su asistencia. Incluso se había filtrado la designación de un “representante personal” para cubrir el compromiso. Fue hasta que se confirmó la presencia de la doctora ANNIE PARDO CEMO que el gobernador cambió de parecer. No asistir habría sido leído como un desaire directo, no solo a la madre de la presidenta, sino a la presidenta misma. Así que, aguantando su molestia, asistió. Prefirió quedar bien con Sheinbaum que marcar distancia con MORÓN.


Y ahí entra la otra pregunta: ¿se ponderó realmente la invitación al senador RAÚL MORÓN, a pesar de las evidentes diferencias con el gobernador? ¿O fue una maniobra quirúrgica de la rectora, que ante los desaires del Ejecutivo estatal, decidió enviar un guiño a la tribu moronista? Porque si la rectora fue marginada por el bedollismo, ¿no es lógico pensar que empieza a buscar acomodo en otro bloque?


La presencia de MARIO DELGADO, secretario de Educación, junto al gobernador y el senador, no fue casual. Fue escenografía. Y la rectora, lejos de ser una figura académica neutral, se posicionó como operadora política con capacidad de convocatoria. El mensaje fue claro: aún sin candidatura, tiene capital simbólico y sabe usarlo.


Pero el gesto tiene doble filo. Porque si el doctorado se otorga en funciones, en plena coyuntura electoral, y a la madre de quien encabeza el poder ejecutivo federal, el mérito queda eclipsado por la conveniencia. “En vida, hermano, en vida”, dicen. Pero no en campaña, ni en acomodo. El timing lo convierte en dedicatoria, no en homenaje.


Y si el cambio de criterio del gobernador fue evidente, más lo fue el oportunismo de otros actores políticos. Desde el propio BEDOLLA y MARIO CARRILLO, hasta la caterva de funcionarios estatales y federales que se apresuraron a sacarse la foto con la madre de la presidenta y a lanzarle loas zalameras. Aspirantes al gobierno estatal incluidas, que ignoraron olímpicamente a los otros galardonados: el DR. GERARDO SÁNCHEZ DÍAZ y la DRA. CATHERINE ROSE ETTINGER MCENULTY. El homenaje se convirtió en vitrina, y la vitrina en pasarela.


Así, el evento revela más de lo que celebra. No solo la fragilidad de los límites entre lo académico y lo político, sino la urgencia de los actores por reposicionarse en el tablero. La Universidad, en lugar de ser espacio crítico, se vuelve escenario. Y el doctorado, más que honoris causa, parece causa de honor entre facciones que buscan reconciliarse, maniobrar o alinearse sin perder cara.


¿SE DESMORONA LA TRIBU BEDOLLISTA?
En política, los gestos pesan tanto como las palabras. Y cuando ambas se alinean, el mensaje es inequívoco. La reciente y pública coincidencia entre el senador Raúl Morón Orozco y Oscar Celis Silva no fue casual ni inocente. Fue un mensaje. Y uno que retumbó con fuerza en los pasillos de la Casa de Gobierno.


Morón, figura emblemática de la izquierda michoacana y aspirante natural al “Segundo Piso de la Transformación”, no escatimó elogios para Celis: “congruente, honesto y comprometido”. Celis, por su parte, devolvió la cortesía con una frase que no pasa desapercibida: “El poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás”.

¿Mensaje cifrado? No tanto. Más bien, una toma de postura.
Porque Celis Silva no es un actor menor. Exdirector del DIF estatal, operador de confianza y amigo de años del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, su cercanía con la familia del mandatario —en especial con Grisel Tello, esposa del gobernador— fue clave en su ascenso. Pero los disensos maritales, que ya no son secreto para nadie, lo colocaron en una encrucijada de lealtades. Y eligió. No sólo se distanció de Bedolla, sino que ahora se exhibe en redes como aliado del adversario político más incómodo del gobernador: Raúl Morón.


Este movimiento no es aislado. En voz baja —y a veces no tanto— se habla de otros cuadros “de a deveras” del círculo bedollista que ya están tendiendo puentes con el senador. Lo ocurrido en el evento de la Universidad Michoacana fue apenas un síntoma. Lo que se cocina en privado es más profundo: una reconfiguración interna que podría desembocar en una desbandada anticipada.


La pregunta ya no es si habrá ruptura, sino cuán profunda será. ¿Cuántos más seguirán el camino de Celis? ¿Cuánto resistirá la cohesión de una tribu que, al parecer, empieza a fracturarse desde su núcleo más íntimo?
En política, las lealtades son tan sólidas como el proyecto que las sostiene. Y cuando ese proyecto pierde rumbo o se contamina de conflictos personales, los liderazgos alternativos —como el de Morón— se vuelven faros para los náufragos.


La transformación en Michoacán, al parecer, ya no tiene un solo arquitecto. Y el segundo piso podría estar en construcción… pero con otros planos.